Pío XII, el Papa de la paz
En una atmósfera tan enrarecida, con la Alta Finanza empujando a la guerra, el Sionismo predicándola abiertamente en todo el mundo, Roosevelt multiplicando sus intervenciones funestas, Daladier debatiéndose entre el miedo a perder su mayoría parlamentaria, las presiones de su izquierda, el patrioterismo de su derecha y la manifiesta impreparación de su ejército, Chamberlain enfermo y cada vez más manipulado y Hitler cada vez más exasperado por el cheque en blanco concedido a Polonia, sin contar las maniobras de Moscú para alejar el conflicto y trasladarlo a Occidente y la tragicómica impericia del Coronel Beck, un hombre guarda la serenidad, mantiene fría la cabeza y no desespera de salvar la paz: Su Santidad Pío XII.

Como diplomático de carrera, le constaba que los problemas deben ser estudiados en serie. Sabía que era en Europa donde existían los mayores riesgos de guerra; para él, el problema japonés era una derivación (y así era en realidad, aún cuando Roosevelt lo utilizara como trampolín para mezclarse en los asuntos de Europa) . De ahí la idea papal de intentar solucionar, de entrada, todos los litigios europeos entre europeos.

El discurso de Hitler del 28 de Abril de 1939, en respuesta al de Roosevelt, le había convencido de la urgente necesidad de actuar. Como Padre Espiritual de más de 500 millones de hombres que constituían una fracción importante, cuantitativamente, de los países incriminados, se consideraba con el deber moral de hacer todo cuanto estuviera en su mano para evitar el desencadenamiento de la guerra que para él, supondría un rudo golpe a la Cristiandad.

Los estados europeos, que tenían, entre ellos, litigios pendiente eran cinco: Alemania, Italia, Inglaterra, Francia y Polonia. Polonia con Alemania (por la cuestión del Dantzig y los 4,5 alemanes rehenes en el resucitado Estado de Polonia) ; Italia con Francia (antiguas reivindicaciones sobre Djibuti, Niza, Córcega y Túnez, amén de la hostilidad casi patológica de los frentepopulistas franceses contra el Duce); Inglaterra con Alemania (garantía británica a Polonia, denuncia alemana del Pacto Naval de 1935) y con Italia (trabas inglesas al uso del Canal de Suez por los buques italianos que se dirigían a Eritrea y Somalía); Francia con Alemania (garantía francesa a Polonia).

Alemania e Italia no pertenecían a la Sociedad de Naciones; por consiguiente la solución de los litigios en cuestión era imposible dentro del ámbito de la misma. Quedaba solamente, como única solución posible, la Conferencia de los Cinco, augurada por el Sumo Pontífice, usando de su autoridad moral ya como árbitro, ya como moderador.

Los adversarios de Pío XII, desde el sectario Rolf Hochhut, autor del libelo antipapal "El Vicario", hasta el presidente Truman, pasando por el bien conocido sionista Saúl Friedlander han criticado a Su Santidad que excluyera de esa proyectada Conferencia de los Cinco a la URSS y a los Estados Unidos. Han dicho que el motivo era su aversión al Comunismo, justificando la primera exclusión, y a la Masonería, tan fuertemente enraizada en el gobierno de Roosevelt, motivando la segunda. Es posible que esos hayan sido secundarios. Más bien nos inclinamos a creer que el motivo principal no era otro que el deseo de Pío XII de circunscribir la solución de los problemas europeos exclusivamente a potencias europeas. Puede argüirse que la URSS es, geográficamente, un estado europeo, al menos en parte. Pero el argumento no es válido, por cuando la URSS no tenía litigios pendientes con los cinco estados a cuyos gobiernos pensaba apelar Su Santidad. Por esa misma razón fueron ya excluídos los extraeuropeos URSS y USA en la Conferencia de Münich. En suma, Pío XII buscaba un nuevo Münich, pero esta vez definitivo; buscaba precisamente aquello que más temía Roosevelt y las fuerzas políticas que a este movían.

Con prudencia de un verdadero diplomático, Pío XII, con objeto de asegurarse de que no heriría las susceptibilidades de ninguna de las partes implicadas, antes de someter su proyecto a los interesados, hizo proceder a sondeos previos a sus servicios diplomáticos. He aquí como se desarrollaron los acontecimientos:

a) El 1 de Mayo de 1939, Mussolini recibe al Padre Tacchi Venturi, jesuita, amigo personal suyo desde la infancia. Tacchi Venturi viene a sondearle en nombre de Pío XII, "¿estaría Mussolini dispuesto a participar de una Conferencia de los Cinco para resolver los litigios pendientes en Europa?". Mussolini pide 24 horas de reflexión. El 2 de Mayo, como ha prometido, da su respuesta. Esta es positiva. El Duce está de acuerdo en participar en esa Conferencia, sin reservas de ninguna clase. El enviado papal le pregunta cómo, a su juicio, va a responder Hitler a esa misma pregunta. Mussolini responde que a su juicio Hitler estará de acuerdo, y recomienda que cuando se le someta esa cuestión se le precise claramente que "se trata de resolver pacíficamente los puntos de litigio entre los cinco países y los problemas conexos".

b) En vista de ese éxito inicial el día siguiente, el 3 de Mayo, Monseñor Maglione, Secretario de Estado del Vaticano, somete la proposición papal a los nuncios de Berlín, París, Varsovia y Londres. El primero en contestar es Hitler. El día 5 de Mayo recibe a Orsenigo, el Nuncio papal en Berlín, en Berchtesgaden. Para recalcar la importancia que se concede a la entrevista, el Ministro de Asuntos Exteriores, von Ribbentrop, asiste a la misma. El Führer afirma que no cree en un verdadero peligro de guerra, ya que "la tensión es más un efecto propagandístico que algo que responda a hechos reales", que no se opone en absoluto a tal reunión, pero que antes de dar una respuesta definitiva debe consultar a Mussolini, con quien acaba de firmar un pacto de alianza que desea honrar. Y afirma: "El Duce y yo actuaremos de perfecto acuerdo".

Es decir, que el 5 de Mayo el asunto se plantea de la siguiente manera:
Mussolini ha aceptado la proposición del Papa. Hitler no ha formulado objeción alguna y ha dicho que, antes de responder afirmativamente de manera oficial, debía consultar a Mussolini. En otras palabras: por lo que se refiere a las dictaduras el asunto se halla en buen camino.

c) El 6 de Mayo, el Nuncio en París, Monseñor Valerio Valeri, es recibido por Georges Bonnet, Ministro de Relaciones Exteriores que, tras escucharle, le dice que debe consultar a su Jefe de Gobierno, Daladier, y con el Secretario General del Quai d´Orsay, Alexis Léger.
Cuatro horas después llama al Nuncio, le hace presentarse en el Ministerio, haciendo caso omiso del protocolo, y le dice que "el gobierno francés juzgaba la gestión papal totalmente inoportuna", pidiendo además que el Secretario de Estado del Vaticano "se abstuviese de publicar el mensaje de Pío XII a las cinco potencias". El día siguiente, 7 de Mayo, Alexis Léger remacha el clavo añadiendo una impertinencia: "El gobierno francés se ocupará de los asuntos que le incumben sin interferencias del Vaticano".

d) Monseñor Godfrey, Nuncio de Su Santidad en Londres, ha sido recibido por Lord Halifax, el 5 de Mayo: respuesta de Halifax: "Que Su Santidad ofrezca sus buenos oficios, sucesivamente y por separado, y por este orden, a Alemania, a Polonia, a Italia y a Francia, y luego se dirija de nuevo al Gobierno Británico".

e) El Nuncio Papal en Varsovia es recibido por el Coronel Beck, que le contesta que no puede responder sin antes haberse concertado previamente con Londres y París. Beck ha tardado diez minutos en dar su respuesta al Nuncio. En consecuencia:
El día 8 de Mayo, exactamente en nueve jornadas, las respuestas de Londres, París y Varsovia destruyen todas las esperanzas que Italia y Alemani habían hecho nacer en el espíritu del Secretario de Estado, Monseñor Maglione, y de Pío XII.

Afirma Paul Rassinier: "Sin desearlo, Pío XII había suministrado la prueba de que los que se oponían a la solución de los litigios europeos mediante negociaciones internacionales no eran ni Hitler ni Mussolini, sino Francia, Inglaterra y Polonia".

Esta prueba hecha, sin quererlo ni buscarlo, por Pío XII ha traído como consecuencia la hostilidad que los belicistas del período 1933-1939 manifestaron siempre, hasta su muerte, contra dicho Pontífice. Dicha hostilidad, desde su punto de vista, es perfectamente comprensible; la finalidad perseguida por tales individuos no era la solución de los litigios europeos, sino el hundimiento del régimen nacionalsocialista en Alemania, y les constaba que esto no podrían conseguirlo si no era recurriendo a una guerra generalizada. Por tal razón no querían, a ningún precio, un nuevo Münich. Pero les interesaba poder continuar pretendiendo que era por culpa de Hitler y, en menor grado, de Mussolini, que no podía llevarse a cabo contactos internacionales normales. Por tal motivo, y por las ulteriores intervenciones de Pío XII en favor de la paz, ese Papa ha sido uno de los más calumniados de la historia, casi tanto como León XIII, el apodado "Papa bolche" de la Primera Guerra Mundial.

Así se montaría, en los años sesenta, la denominada por Rassinier, "Operación Vicario", tendiente a calumniarle y desacreditarle ante la opinión pública mundial.

FUENTES:
1) LOS CRÍMENES DE LOS BUENOS de Joaquín Bochaca
hitler
2) LOS RESPONSABLES DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL de Paul Rassinier
Segunda Guerra Mundial
3) EL VATICANO Y LA GUERRA de Monseñor Giovanetti
Europa
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